domingo, diciembre 11, 2005




Qué extraño ruido se prolonga en el tiempo.

Una calma de puertas abiertas contra el incendio de la noche.

Una lenta demolición cruje en la pupila.

Mil veces el ojo desnuda la memoria, mil veces
nos acerca a un fondo de leche ágria.

Digo agua y es sustancia de mar que palidece en las uñas.
Digo nunca y son los labios amando su flor roja.

La noche lava las horas con el paño húmedo de la muerte.

Me aseguro de que las plazas no entren por la ventana.

Voy a trepar por el árbol que bebe de los hombres,
voy a bajar por el cuello de los fusiles mientras miro la fosa abierta,
como una bienvenida en medio de un interrogante
contra el tiempo.

Parece que la luz está tranquila
parece que la noche me ama.

Pierdo mi raíz exterior
el limo por el cual el ángel toco la carne oscura.

Cualquier silencio me vale.

Cualquier ceniza que forme una hermosa palabra.



1 comentario:

Anónimo dijo...

...eres sin duda alguna...una gran voz de poesia Castellana...
pero entendamos bien : muy grande,
buena, profunda, clara, simple como agua que quita la sed...