
Llevo tanto tiempo fermentando en el tiempo
que ya nadie conoce los restos de esta casa.
El día ha comenzado con una indigestión de luz en los visillos.
Ha callado su voz
como un labio negro cargado por el peso de los buitres.
Hablemos de las llaves reventando contra las puertas
hablemos de los vientres multiformes representando su papel de piojos
hablemos de las grietas vaciadas por el padre.
El abrazo decrepito de un pantalón bombacho
abre los muslos y levanta el cuello de la herida.
Hemos entregado la cabeza a los días enguantados
a los postres carentes de sinfonía
al disparate de las gárgolas gemelas.
Ya nadie escucha con las puertas abiertas
la gran canción de las sombras.
Estoy abajo y es colosal no sentir la evolución del mundo.
Estoy con los oídos amargos en posición de alejamiento.
Una pequeña luna nos mira...
Hablemos de los señores de las sábanas
abriendo aún más la superficie lechosa de los cuerpos.
Surge el sueño de las grandes campanas
anunciando la imagen tendida en su camastro.
¿A quién le cambiarán la cena suculenta por un trozo de pan seco?
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