sábado, noviembre 17, 2007




Qué dulce antes del hombre
debía ser el mundo.

Giuseppe Ungaretti.




Nadie la vio caer...

sólo un pájaro de ambar

que enfurecido

se desnudaba contra la tierra.

domingo, noviembre 11, 2007

Epílogo







A medida que el tiempo se me acerca,
voy cerrando ventanas, balcones,galerías,
lamparillas alojadas a los pies de los muertos.

Voy cerrando el cuello gris de los cipreses,
los pantanos donde la piel se ulcera,
la alegría semejante a un rojo infinito.

A medida que el tiempo se me rompe,
voy hallando mis pasos en la seca nieve,
sin desdeñar el luto del agua entre las manos
o el decorado alegre de un charco en el camino.

Voy cerrando los ojos de los ángeles,
la pluma golpeada por el viento,
el sordo resplandor de las medusas,

La posada donde habita la herida,
el erguido y confuso abrazo del padre,
el ojal ciego del amor en mi nombre

Y no sé si la locura o la muerte, o quizá
las alas de la calma toquen mis senos,
y en mí se eleve la poderosa altura del sol,
sobre todo lo que aún duerme.

Seré de corcho o de fuego,
seré, la mitad de una nausea o el verde
sencillo de un árbol. Seré,
el silencio o la pluma que agote la tinta,
seré la pupila del tiempo,

el diluvio en el lomo del pez
o el instante desnudo que despierta
y me reza en los ojos.

Y todo lo olvidaré para encontrarlo
y todo será amado hasta olvidarlo.

sábado, octubre 20, 2007

Hoy



_Para Michel_

Quién ha cantado junto al simurg para mí,
quién ha tocado mis alas de aire
y en el aire ha bailado junto a jidr para el agua.

Hoy he salido al mediodía de las casas blancas,
al lomo de los gatos, al canto de las hojas.

Hoy,
he llegado hasta las puertas del Mar Negro,
y he sabido de las horas y del tiempo,
de la ascensión del ángel, mostrándome
la permanencia de su vuelo
y he escrito las horas sobre el agua,
tan fácilmente, que he bordado
en las plumas de las aves que recorren
los gozos, dos velas, blancas,
dos luces, centinelas.
Y he dilatado mis ojos, adormeciendo
las manos y las sienes, adormeciendo
los nombres y he entregado mis párpados
al silencio, mientras las grutas,
de espuma verde,
han desnudado mi memoria.

Hoy,
he sucumbido ante el paisaje,
sentada en lo alto de la colina,
acercándome a lo eterno,
a la sombra fría de las lápidas,
al concierto de las aguas,
a la luz que transporta mi corazón
y se entrega, en un acto piadoso,
al milagro único de ser amada.

Hoy,
yo cuento los dedos de las manos
y escucho la rueda de tus sueños y mido
los minutos que aprenden de la luz,
de tus ojos, de tu antiguo rescoldo,
de la llanura que despierta en mí
y en ti, se eleva.

Frente al mar,
he completado el ciclo de la luna,
y te he ofrecido mi caja de música,
donde guardo mis secretos y mis piedras.

Pero yo reclino la cabeza junto al pozo,
pero tú iluminas mis sombras,
y me dices;

Volveremos a juntar las alas, solitarios,
junto al Bósforo y sin nombres y sin piedras,
inventaremos un vino nuevo.

viernes, octubre 12, 2007







Mariposas nocturnas, arañas y murciélagos,
oh forastero, tu perdida sombra
aguarda en el atardecer,
un lóbrego corsario que se anega
en ese mar salado del dolor.

George Trakl.


Contra el cristal,
se rompe la sien y la tibia,
redobla, malva, su sesgado tiempo.






Negra muerte,
estalla en el cristal,
flota en el pánico,
salvaje y lenta en tus pies
de piedra.

Esparto de las noches,
busca tu zarza dormida,
el portón del guerrero,
el camastro herido
por la ausencia.

Negra muerte,
escupe la carne poseída,
tú, que hasta la mortaja hurtas,
y dejas impenitentes las almohadas
y los nichos.

Honda muerte,
rostro, tiempo,laúd
que tocas a tientas,
voz que sube, verde de
óxido, plateada y parda
cuando oscurece.

Escalón de quietud anciana,
por los jardines llegas...

Alójate en la casa y llora.

domingo, octubre 07, 2007

Trayecto




Cómo se desprende la palabra
de los rubios trayectos,
del color de las vidrieras...

no, no pronuncio la palabra
que me haría dividir las aguas
y beberlas y escribirlas y recorrerlas
con el pulgar goteando en la noche.

No, no te pronuncio y me quedo
en la uña, en el primer deslizamiento
de la uña arañando la separación
del tacto.

Vuelvo a ser un fragmento de silex.
Vuelvo y agito mi cabeza y los verbos
se quedan dentro de la luz, de la luz,
de todas las grietas.

Vuelvo y dosifico la paz
y la adelgazo hasta que sangra por mí
y acaso ardiendo, me deslizo por el borde
de la palabra cáliz y seco mis labios
con su filo cortante y silencio mi huida,
antes de que el barro tome forma
y amarillee o ennegrezca,
entre los escombros de los trenes

desocupados.

jueves, septiembre 20, 2007

Anadolu





El fraseo del mar sobre los ojos,
lo que nos dijimos,
el interior de las manzanas,
el aire con su rostro de pastelillos dulces,
el aire y su visión del mundo,
la seducción de lo extraño,
el trato amable de una sombra,
el definitivo silencio balbuceando mi nombre.

La espalda dando la espalda a un muerto,
la nobleza de la plata,
el lecho del cormorán sobre mi mano,

la desposesión del tiempo,

los pies amando el frío de las algas,

la desposesión del tiempo,

los objetos mudos, aquella nube,
las paredes blanqueadas,
la luz de sus antiguos dioses,
el primitivo telar retomando las horas,
las horas sobre la mesa,
las horas, para las manos, nítidas,

las horas como playas extraviadas,

la desposesión del tiempo,

la memoria serena,

la desposesión de la memoria.

martes, septiembre 18, 2007




Asia a un lado, al otro Europa,
y allí en su frente Istambul.

Espronceda.


Mira,
esta mañana de sol medio dormido,
donde la luz te busca,
donde la luz abre la niebla y navega
en el intenso azul de hojas dulces.

Mira,
doblo el silencio y reconozco los rostros,
y temo amarte en este frágil instante,
temo que se rompa este mar que emerge de los siglos,
este orden natural, este esmalte ensortijado.

De nuevo, la tierra se mueve lentamente,
en su silencio, las sillas de mimbre, vacías.
reconstruyen una historia en su memoria.

Ella vive y ofrece su noche a otros párpados,
ella se borra el corazón con la estela que los barcos
van dejando sobre su frente. Ella,
adivina la creación y por un momento sonríe,
después apoya la cabeza en la luz y mira
a lo lejos.

Bajo las luces, oye el miedo, oye al amante,
oye el lamento, la oración plateada de los minaretes,
oye como se compra y se vende la esperanza.

Pero mira las aguas quietas, esbeltas,
y dibuja en ellas su vientre y recuerda,
al cerrar los ojos, a los que un día
tuvieron alma, mientras apura
el último sorbo de té
frente al Bósforo.


_Io, emerge de las profundidades, Io,
ha dejado sus horas en la sal del rostro que ama._

domingo, agosto 19, 2007

Sonata para piano Nr. 14 en do sostenido menor (Beethoven)





No existes, cuando la sala se llena de luna,
no existes ni existen los otros,
ni existe el movimiento,
ni el idioma y una quietud cobriza
se instala en la garganta.

Sólo un claro de luna inflama el aire,
en lo oscuro, en lo oscuro del paraíso,
tú, con los ojos cerrados, conmovidos,
y una lámina de amor en las pestañas.

Escuchas la hermosa sordera, el oro
del que sufre en su silencio, la nota
grave que busca en tu profundo pecho,
la sigilosa sombra transparente
de una lágrima.

No existes,
cuando, devotamente, el blanco vuelo del alma,
deja el negro ataúd y asciende al labio,
y abres una mano en la quietud efímera
para atrapar el áureo bemol,
el abandono apacible de un instante.

sábado, julio 21, 2007

El Puente del Diablo de San Gotardo (Turner)





Abridme la muerte, si es que se apagan
las luces de este otoño antiguo.
Si cansada, no llego a ser el ojo
que ladra ante la puerta del infierno.
Si se me llena el alma de calderilla
y no puedo comprar más que finales,
que apenas sobreviven al negro silencio
que existe más allá de los abismos.

Abridme la muerte, si es que no puedo,
noblemente decirle adiós a la vida.
Si es que el ocaso, como una mancha impura
bajo las sábanas de un orfelinato,
se reproduce entre mis vertebras.
Si debajo de mi lengua, sólo siento
que los besos que he dado, que el amor,
es como un aguijón de avispa.

Abridme el alma y la muerte,
si es que, algún día, no huyo de los rostros
que amanecen devorados por el acero del odio.

Abridme en dos y cortar el puente
y exponed mis vísceras al sol,
desecad mi piel, si es que, de repente,
no se congela el corazón, cuando los buitres,
rezan entre los huesos del hambre,
cuando el más miserable y pobre de los hombres,
no suba hasta mis ojos y los llene
de navajas líquidas.

Cuando no sienta el temblor de la sangre
y escriba con los pies enterrados
en la tierra de los dioses.
Cuando bendiga el exterminio de las aguas
y no aparezca en mis manos la sed de los lirios.

Abridme el calor y la luz y expulsadme
de la carne que aún me quede
entre el violáceo centro de mi muerte.

domingo, julio 01, 2007

Guerrit dou ( Escola Nocturna)




Miradla. Y sentid como en la sombra,
recorre la luz y bebe y derriba las copas
que contienen su espíritu.

Miradla. Y que ella os muestre el arpón
de su vasta soledad de niña sobre su lomo,
mientras en los espejos, una anciana
recuesta su muerte y la viste de memoria.

Sabe todo del sueño, de la vida.
Sabe y gobierna sus manos que son antiguas
y las murallas heladas que circundan su pecho.
Sabe y es más noble por saber y entregarse
a la vida sin rendir su corazón a la locura.

A veces, recuerda la lucidez y milagrosamente,
se aventura por las calles y atraviesa los gritos
y cubierta de polvo desea volver a ver ponerse el sol,
desea cambiar su piel por un poco de pan blanco
que alimente su alma, desea desenterrar a los caballos,
o levantar los visillos y quedarse ciega de luz, de luz
y grandeza.

A veces, sentada sobre la vela, a punto de convertirse
en fuego, toma una piedra y la envuelve en sedas
y cubre los pies con láminas de níquel, de algas,
de imperdibles ardiendo, de exvotos que ya han tocado
la cintura de los muertos.

Y pasa sin norte y sin sur, amontonada
en las brújulas que yacen en el fondo del mar,
Y se abrocha el cuello con las lámparas devotas,
y se entrega al sacro resplandor de las bóvedas.

Quizá nunca sus pasos contemplen la rosada garganta de Petra,
quizá no vuelque sus ojos en la linfa de Taormina,
ni estalle a la leve sombra de los arcos de la Piazza.

Pero miradla, ella es la oración a la medianoche,
en los labios de los monjes negros de Durham,

La pasión derramada en la copa de vino.

sábado, junio 23, 2007

Nebulosa La laguna.




Cuando me absuelvo, me sé.
Y en ese estado de cristal, me pertenezco,
y me persigo afilada entre sábanas
que disimulan su terror a respirar.

Entre la luz y la noche,
llego al infinito mundo de las manzanas
que comieron del infinito y busco
el reflejo inocente de la luz
en mi contorno.

Cuando me absuelvo, me sé,
ciertamente me sé pegada al suelo,
mientras sobre la espalda,
un ojo irreflexivo,
parpadea.

martes, junio 12, 2007

Y todo vuelve a repetirse.




Detrás de cada reja,
se oían los leves crujidos de los muebles,
la perfección de las cadenas,
la muerte que vive para morir,
fiel a su silencio,
entre las bocas abiertas y cansadas.

Los despintados ojos,
miraban con clemencia la humedad
y la penumbra.

Dos sombras, casi humanas,
maquillaban cuidadosamente de gris
la armadura obstinada en no ser
más que un espectro.

Y en la piel encanecida,
miles de alfileres desnudaban la carne
y todo volvía a repetirse...

las rejas,
los leves crujidos de los muebles,
la perfección de las cadenas,
la muerte que vive para morir,
fiel a su silencio.

martes, junio 05, 2007

El lago de los cisnes.




Ni una hoja en el puño cerrado,
ni un girasol en el templo,
ni una lágrima que inunde el aire.

Ni la dulcísima paz de la tierra,
Bajo la llama muda de un ángel caído.

Ni la inocencia de la nieve,
sobre las pupilas.

Sólo grandes cisnes resucitando,
en el inmáculado segundo
que precede a la noche.

martes, mayo 22, 2007

El greco. (La dama del armiño).




Como las lilas,

como las lilas,

que intuyen el final del mar,
la impaciencia del ángel
por brotar del árbol.

Como las lilas,

y el viento en el armiño,
y el rostro, luz, carne, lazo
de luz que reluce un instante,
desde los hombros hasta el centro
de la hoja.

Como las lilas pequeñas
que asaltan la desnudez y brotan
sobre la siembra de la mano.

Como las lilas milagrosas,
que levantan sobre el muro
el gesto vivo, los ojos,
el olvido en la quietud
misteriosa y completa
de una sombra sin su dueño.

domingo, mayo 20, 2007

De regreso al ayer




De regreso al ayer,
bebo el vino amargo de los conventos,
vigilo los lugares que creí abandonados,
me instalo en esa lluvia menuda
que nos viste de negro.

De regreso al ayer,
recorro como un viejo la existencia,
llego hasta el final de los instantes,
sin haber pintado apenas las ventanas.

Me levanto temprano y debo ser,
un árbol sin cimientos.

Sé que hablo de la luz y hasta ahora,
no he manchado la voz,
y el alma,
es el único animal que mira y ríe.

Ahora mi voz no es la voz que yo conozco,
es un espejo dilatado en mi cuerpo

Tantas veces me levanto del suelo,

tantas...

Y luego, después de saludar a los pájaros,
la loca de la vida viene a recordarme,
que todo está lleno de muerte.

Y sé que es Abril y que mis sábanas
están limpias y que el heno,
tiene la misma forma de mis hojos,
y que los vuestros ya no lloran,
ya no preguntan,
sóo se embarran en un silencio extraño.

Ahora,
que el enemigo está en cada rosa
que abre el viento,
y la pluma se me hace difícil
ante el mañana

ahora,
diré que un resto de piedras
es el precio de tanto sacrificio.

Delvaux




INACABADO.


No deseo esta muerte de caballo hueco,
prefiero la muerte súbita en la ventana,
respirando por última vez la noche leve.

La vida entre estos muros,
es una enfermedad que no se cura,
viene con una soga al cuello.
La libertad en estas calles,
es sólo una mentira
que empieza a doler en el costado.

Por muerte digo ausencia,
de todo lo que no puedo aplastar
contra la mano. Mi rebeldía,
no es más que una hoja
que deja escapar un bosque entero.
Silencio, angustia y un despojo
de carne consagrada a las tinieblas.

Como la hiel mi vientre se oscurece
y nada queda ya más que la cólera.

Y estos recuerdos y estos gritos,
y el eclipse del mar en las pestañas,
y ese día de silencio frente a nadie,
y este disfraz que ha nadie duele.

Hubiera querido llamarme tumba,
tumba de rosas negras y locura,
no desear amor, casa o triunfo,
ser una gota de nada en este infierno.

Pero ya se han consumido los espejos,
mi voz y mi cuerpo han madurado,
han comprendido esta existencia,
malvada y cruel que aún me florece,
que aún nos hace vivir bajo la piedra.

Sin concesiones,
se destruirá esta casa, se quedarán
en ella otros muertos,
sentados al calor de su esqueleto,
como antes nosotros nos sentamos.
Leprosos nacidos de unos pechos
mutilados, que no supieron respirar
su aire, que comieron del plato
de los miedos, que oscurecieron su piel
y hasta los huesos, _acaso un poso
de sombras en el lecho_, ardieron
en el silencio desarmado.

No cambirá la vida su costumbre,
de hacernos duplicados, raquíticos,
deformes, acorralados ante el miedo,
temblando al contemplarse
en sus harapos.

Se inventarán hijos nuevos,
en cada rincón, en cada hueco,
diminutos hijos, blandos,
en cada azul escalofrío de pequeños
pechos, y construirán otra horca,
otros silencios, y volverán
a tener hambre y rutina,
como antes nosotros la tuvimos,

Todo brota de nuevo, todo huele
a fruta podrida, a carne muerta.

Si me detengo en este punto,
no encenderé más lámparas deformes,
ni construiré en el aire más cometas.
Quiero sentarme y descansar
de esta gran lucha, adormecerme
poco a poco en las cornisas,
a la espera del hilo que se rompa,
una noche, un día de amnesia
en el cerebro, ir resbalando
en su pendiente, hasta caer,
tan suavemente, que ni las losas
del suelo se levanten.

Y no pido perdón ni tengo excusas,
si acaso para dos gorriones y una ola,
generosa y dulce que me dio su tiempo.

Aquí os dejo con la vida,
viola de difuntos,
escarlatina en la pálida piel de un perro,
viaje al fondo del abismo.

Aquí os dejo con la vida,
idiotamente reunida en vuestros cuellos.

martes, mayo 15, 2007

Satan (Blake)




Han caído las hojas blancas sobre el muro ciego.
Mi corazón ha envejecido.

Han caído las horas bajo el yugo de los pozos.
mi corazón es un puñado de fechas.

Pinto un círculo en el aire,
voy a tientas,
las húmedas nubes mancha la claridad.

El vuelo

el vuelo,
jubiloso, turbado, imprescindible,
delgada brizna en el sueño.

Voy a tientas y por ti huyo,
balanceando la vida y la muerte al mismo tiempo,
en el extremo de la palabra,
que no es más que un pájaro de jade,
con el cuello cortado.

Pinto un círculo en el agua,
y todos los peces vienen a visitarme,
abren sus ojos ovales,
ablandan mis pies, hacen pan con mis dedos,
hacen de mí su alimento.

Voy a tientas y huyo por ti
que caminas con un solo ojo
que eres huerto desposado
noche al mediodía.

Pinto un círculo en la tierra...

En vano busco la humana yema,
el agua que borre la pisada,
la sed y su cosecha.