martes, enero 24, 2006



En un rincón
se cuentan los dientes dorados del verano.

La revancha de las horas era un racimo de seda
en el calor de los patios.

Tiempo lento
sol de nido bajo en la mediasombra de las piedras.

Tiempo sin hambre
seno voraz en brazos de un reflejo.

Levadura de Julio entre los arcos de lo que ya no existe.

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