sábado, enero 14, 2006




Con las rodillas rojas, desolladas
con la espalda anochecida e incompleta
con el intenso olor de lo podrido

Con los hijos en los senos rebeldes
con los sueños desatados y el deseo sujeto
con el ardiente hormigueo del cristal sobre las venas

Con el silencio en la piel y el nudo suave
con el gesto en trance y sin vestido
con la cabeza en fuga y el corazón sin leche

Con el recuerdo sin aire en la garganta
con la firma de un pacto mal escrito
con el odio acomodado en el colchón

Con la palabra leída y masticada
con el orgullo de mantener el tatuaje
con la edad a pie de foto

Con el desprecio de los cuervos obligados
con el reloj furtivo y puntual sobre la carne
con el nudo en lo alto del grito

Con la justicia de las piedras en los ojos
con la ley del frío humillando el pensamiento
con las costillas llenas de asesinos

Con el tiempo entrecruzándose al final de un verano
con la uz hundida en un vaho de silencio
con la muerte de los pájaros sin nombre

Con la cal en los ojos cuidadosamente doblados
con la estrecha mano de quien huye
con la serpiente enrocada en la conciencia

Con la sangre que mana por debajo de la tierra
con el estiércol que escala por el sudor de la ventana
con la herida desafiante

Con el deseo de hervir en la tinta
con el ansia de clavar la destrucción
con el anhelo de la estaca abriendo el corazón

Con lo amargo de todos los días
con lo amargo de andar sin apetencia
con lo amargo de batir las alas en el hambre

Voy resbalando desde los puentes hacia la claridad del agua.

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