sábado, julio 08, 2006

La casa gris



Esta noche
el incansable fondo
del armario
gime
con su cansada orquesta
de gritos centenarios.

Busca
el silencio primitivo
el baile desnudo
de la voz
en la madera.

La sed de la lluvia
en el espejo.

Formas que se unen.

Expiración de sombras
en fuga

hacia la cicatriz
de los desvanes

hacia el final piadoso
de la luz.

©

domingo, julio 02, 2006

La casa del abuelo.



Arca de cristal y barro.

Sobre el mediodía
una canción de cuna.
Al anochecer
un verdugo en el lecho.



Huye el pulso de la mano tras el corazón.
El fino cuello de los relojes se retira
al inmenso latido que se opone a la mano.

(Construirán un zumbido de piedras
destruyendo el vuelo de los ausentes).

Un solemne desacato al culto de los lirios,
un espacio de luz acribillada,
es todo lo que contiene el peso de la carne.

Esta es la casa donde anida el viento,
donde azulea el color del agua en las ventanas,
donde las manos aprenden de la piedra.

Duermevela de nombres en el orden de la noche
o en la sombra pura que nos alarga la memoria.

Adherida al mundo,
absuelvo sus ojos de la arena
para volverla ceniza en la fragilidad
de las corolas.

Apago la luz cuando cantan los pájaros
y el cráneo recupera su ceguera.

Una nota blanca en la penumbra,
desdibuja el grisaceo silencio del abismo,
viene del cielo profundo a iluminar el árbol,
pero en el suelo funde su luz la sombra fría.

¿Quién al rozar el trigo se lavará la piel?

¿Quién abrirá esta casa de huesos helados?

En cruz sobre la muerte del agua,
nada puede tocar el recuerdo de la flor,
ni el habito que curva el lila y verde de los difuntos.

©

sábado, junio 24, 2006

Chagall


En la profundidad del espacio silencioso,
un golpe de manzanas mar adentro,
desdobla la densidad de las sombras
y la dimensión callada y fría del espejo,
separa el nido de las piedras, volviéndonos
arroyo desbordado sobre el grano.

Remontarse por encima de la luz,
mientras descubres el vuelo de un ave,
sin peso y sin volumen,
dispuesto a reencarnarse en pisada
que ha de borrar el tiempo.

©

viernes, junio 16, 2006

El gallo



En mi mano duermen las hojas que el otoño olvida,
con el poder de quien atrasa la lluvia
y se emborracha en la densidad de los huesos.

Estamos solos en colores y formas.

Estamos en la distancia que flota en el sonido del agua.

Y sin embargo,
son los poderosos días donde me desnudo,
donde el polvo se ajusta a aquello que fui.

Yo cierro los ojos a las ciudades inertes.

Aquí un delirio clama su espesor de algas.

Sobra afán de oscuridad en la maleza.

Cegados por el deseo de partir lo vivido
vamos naciendo en la descarga de todas las incertidumbres

Después de todo nos queda
ese mirar extraño hacia el pasado.

Hacer el equipaje y lamer el borde del ayer.

Desde su muerte,
un extravio nos preserva del duro invierno
mientras nos vamos mirando oblicuos.

_Pájaro inútil en el escorzo de la noche
inventa unas alas y huye_

Asombra después la calma
cuando levanto las persianas y fondea en los ojos
Venecia...

Alzo un dedo y desclavo años.

A menudo en ellos colecciono sombras,
sombras de nieve tras los cristales
donde morimos de pie y sin tristeza.

©

sábado, junio 10, 2006

El poeta (tres y media)



Esparce tus flores, forastero, espárcelas sin miedo.

Paul Celan.


Toma el aire e interpreta un silencio,
después crece en el brillo de la noche.

Tu palabra será una piedra en medio del mar,
clara y pulida.

Después

Toma la sed
y olvida el ojo.

El lazo será una oscuridad ligera,
un cristal donde se unan tus manos.

Donde no llegue el cruel espacio del círculo.
El voraz autismo de una rúbrica.

©

sábado, junio 03, 2006



Aún desconozco lo pasos
aún soy rama que araña los cristales
bulbo de agua en el aire

No tengo más espacio
que esta piel blanca que me protege
y estas noches prestadas

El ojo reventado
vuelve a morir sin una imagen digna
sin saber lo que ha sido

y todo se queda bajo la tierra.

domingo, mayo 28, 2006

La ventana blanca.

Hasta la noche llega
esta muerte diaria de saxo sin cintura.
Después el alba se encarga de borrar
el interior de la boca.

Un montoncito de lilas
en el afluente de la memoria
no bastará para vestir de blanco
los ojos.

(Empújame hacia la sombra).

El caudal que la lluvia ha dejado en las calles
visita la espalda de quien se aleja.

En vano tu dolor te nombra,
y un puñado de amor sin propietario
salta de tumba en tumba con su rictus
de invierno.

La presencia de un pájaro en el labio
nos hace gota de miel en la noche,
Agua en las manos de cristal,
canales azulados y un cúmulo de ventanas
buscando la desnudez de la luz.

Todo se pierde con el sutil soplo del viento.

martes, mayo 23, 2006

La rama




La chimenea
gris
levanta
un hilo de muerte

Lleva un ciprés
de luz
en su talón izquierdo

Un sonido de cobre
casi violín
en brasas
traspasa el negro

y sube
hoja a hoja
peldaño a peldaño
flotando
enajenada

hacia el primer silencio
del mundo.

domingo, mayo 21, 2006

Muelle de Bercy



Todo lo que se anticipa
es el tránsito de la luz
en el peso de la palabra.

Un único resplandor
una simiente de nubes
en las manos ligeras.

El deslumbramiento
en el fruto

en la orfandad de las sombras.

L'arbre de Jesse



Amanece
sobre la exactitud de las ramas de los árboles
sobre la mirada extasiada de los niños
sobre los campos sin horizonte
sobre las almas que huyen
sobre las horas sin luz
sobre los muros fríos
sobre las noches
sobre el miedo
sobre mí

sobre la plenitud de la memoria
sobre el dolor de la nostalgia

sábado, mayo 06, 2006

El Vuelo


Un pico de agua en el estanque y algo de luz
en el vuelo de miles de libelulas.
Una extensa luminaria en las hojas caídas
y allí, sin más pálpito que la lluvia,

Alzar las manos, húmedas, brillantes,
y los ojos absolutos, permanentes,
desde dentro hacia el filo de la aguja,
pulida por la piedra y la palabra.

Asomarse a la noche y frente a frente,
descender al momento en que la voz se apaga
y desear sin manos, sin ojos, sin brazos
todo el bosque que madura en las sienes.

Un ángel nos espera y sin embargo,
la colmena asoma con su luz de agua
por encima de los pájaros que insisten en la piel,
en el deseo, en la cera perfumada de la alcoba.

lunes, mayo 01, 2006

Amantes a la luz de la luna




De la noche
tan breve
una herencia de manos trepadoras
una luz de agujas afiladas
un aliento de gatos en el pelo.

De la noche
el magnifico silencio de los puentes
las hogueras encendidas
el sorbo hondísimo del cielo
el agua fecundando el párpado.

De la noche
una cuerda de sombras en el aire
un silencio de niños plateados.

viernes, abril 14, 2006

La Mariee




Me he despertado en la noche flotando en el sepia de las medusas,
al este de los vientos que ahogan mi sombra, soñando
con un trono rojo y un hogar blanco.

Me he despertado en la noche con los pies helados
y una hoguera en las manos y un delfín en la boca,
masticando la sangre del tigre que sonríe ante mi muerte.

La espiral sobre el lecho y el corazón sobre el tiempo
hacen un hueco en la honestidad de mi sábanas.

He cruzado la línea que separa un golpe de rosas
de esta pequeña pluma que me escupe.

Sin mi sombra
seré pasto de los peces que naufragan en mi ombligo.

jueves, abril 13, 2006

Las tres velas.



Los días recién lavados amanecen
con una tonalidad de azul de metileno.

Las noches por el contrario
son cataratas de hormonas
visitando los cuerpos desnudos.

Desde la séptima rendija
toma el aire su desnutrido hueso.

Grande o pequeño el mármol materno
visita la espesa cabellera que ora
en la llama blanda.

Entra la noche.

Los cuerpos incrustados en su hedor
crecen en la sangre y en el agua.

La forma desciende por una multitud
de muecas.

En algún lugar hay cuentas de colores
alededor del cuello
y una gota de tiempo en la frente
que interpreta su final.

domingo, abril 02, 2006

Violinista azul



Lúcido infinito.
Lúcido como una estatua evaporada por la lluvia.

Una frente de vértigo,
después la sombra de los moribundos
amanece en su inmortal avenida.

Después,
la catarata de luz sobre los lirios
o el exilio viviendo de su gloria.

Y en medio una torre aislada en su pureza.

sábado, abril 01, 2006

Chagall




Asistir a tu propio nacimiento, con una mano extendida hacia el cielo y la otra encerrada en una cápsula de lodo. Asistir al sacrifício de abrir los ojos y respirar en un pequeño surco sin otra concesión que la de ser un trozo de carne examinada y sin juicios.

Respirar es llenarse los pulmones de discursos para justificar barreras, disfrazar los alveólos con jerséis de angorina, empollar la sangre para que nazca el lugar donde poder morir sin hedor alguno.

Después de todo es acostumbrarse al ciclo, a la idea de ser
un pequeño microorganismo al servicio de los dioses.

Aquí tenéis el pequeño alfiler imantado que os dan los magos que mueven el mundo.

Prendeos de él. Utilizad su punta para cercenaros el lado del cerebro
donde anidan los pájaros. El beneficio será inmenso.

El beneficio será el orden de los minutos y la noche que acaba en una cama
grande y blanda. La permanencia del sol en las ventanas limpias.
La ciudad_hospicio que nos garantiza una limosna en la piel
cuando esta llega a su última arruga.

El beneficio será el orgullo de circular por el asfalto de una ciudad enferma
y arrojar los dientes al agua fría.

Envolver el alma con chispazos de celofán, afiliándose a los barrotes
que nos protegen del pensamiento único.

La espalda recta, los ojos sin desarrollo, la mirada corta, las manos en guardia, el cerebro de cartón frente a un escaparate donde se exhiben artículos de lujo para festejar la vida. Luego la disputa por la felicidad decorada en un huevo.

Nos sirven el corazón en moldes de plomo para aumentar la hemorragia que nos divide y organiza.

martes, marzo 21, 2006

Primavera.



Regresa pájaro del tiempo
con tu sangre viva a recorrer
mis venas.

Estoy como la fuente helada
en el deshielo, frágil
ante el sol
y su celeste juicio.

viernes, marzo 17, 2006

Techo de la opera de Paris (Chagall)



Si pudiésemos elevar la luz
más allá de donde ingrávida se estanca
y nos deja sin suelo.

Si pudiésemos sentir su leve gloria
apoyados tan sólo en el brazo menudo
de los bancos.

Seríamos espejos sin límites
deshaciendo el tiempo.

miércoles, marzo 08, 2006

La mujer y las rosas (Chagall)



Soy así. Otra mejor os deseo.

Anna Ajmatova.


Yo soy la que se esconde de todas las banderas
la que escoge el trueno y espanta el olor macerado
de la vida.

Aquella que busca el profundo despertar de los viejos asteroides
y guarda en sus manos el verde silencio de los desfiladeros.

Desde aquí,
por que sé que el tiempo es olvido
voy subiendo al último ocaso.

Desnuda

toda infierno

indefinida como un ave que tan solo se sostiene
por el dorado instante de una palabra.

Una palabra de mármol
una palabra sin equilibrio
una palabra que espero

calladamente

bailarina en el polvo de todas las estatuas.

Soy así.

Sangre de animal esquivo en el más oscuro destierro.

Altivo jade cuando alimento el aceite que prende la mecha.

Soy el verdugo de mis propias venas
el crimen de mis dedos.

sábado, marzo 04, 2006

El sueño (Chagall)



Supón que la vida nos es fácil.

Que uno puede adormecerse al otro lado del fuego
e ir contando pulcramente las horas
hasta que en su silencio de noche sin memoria
una sonrísa húmeda invada el rostro.

Supón que no hay nada sobre la tierra
que pueda despertarnos.

Que la aspereza de los días,
es sólo algodón que besa las calles
y la penumbra del invierno,
un gato pequeño y tibio que se arrulla
en el hueco de las manos.

Supón que el dolo
no es más que una gran pompa de jabón
que avanza por los tejados
dejando tras de sí toda la suciedad
del mundo.

Y al abrir los ojos el aire es limpio
y las estrellas duermen como pájaros.

O que al llover el agua apenas moje.
O que al amar, el corazón,
perdiese su armadura.

O que al nombrar palabras como

Tiempo Amor Silencio

La vida pudiera convertitse en rubios focos de libertad
en el caoba de los ojos.