
Cuando me absuelvo, me sé.
Y en ese estado de cristal, me pertenezco,
y me persigo afilada entre sábanas
que disimulan su terror a respirar.
Entre la luz y la noche,
llego al infinito mundo de las manzanas
que comieron del infinito y busco
el reflejo inocente de la luz
en mi contorno.
Cuando me absuelvo, me sé,
ciertamente me sé pegada al suelo,
mientras sobre la espalda,
un ojo irreflexivo,
parpadea.
2 comentarios:
Cada vez te leo mejor y t emiro más cerca...
Cada vez más surrealista, en el termino académico, que es el bueno.
Enamorarías a Breton y Tzara.
A mi,pobre gato, me das ingrata tranquilidad.
Manejas el "tropo" (Anáfora, pleonasmo...)con sirvengoncería...y es fantástico.
Como siempre, esplendida.
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