
La resistencia se organiza en todas las mentes puras.
Tristan Tzara.
II
En los ángulos de piedra las órbitas silbantes no han nacido aún,
yacen en el sillar del sol.
con las luces sagradas ovillando el interior del cielo.
En la estación,
los caminos de hierro duermen en su estela penitente.
Las manos talladas de hijos, de plumas rígidas,
de aceras esqueléticas,
se elevan en un gas tardío que emana a través del tiempo
y sus mejillas cubren la memoria.
Porque ya sin apenas voz, el tiempo,
sigue enguantando los himnos y la emoción anciana ya no canta
en los océanos que ahora han quedado en su viudez de niña prematura.
Miro hacia las puertas del mar
y el mar,
es un caracol negro estirando su cuerpo bajo las cerraduras de los puentes.
Miro el instante de calma que surge de la espuma de las farolas.
Un silencio casi artesanal se aloja en la penumbra de la sala.
En su penumbra se cobijan los que ya no existen,
me lloran y cubren de voces nuevas,
rellenan cada hueco de mi cuerpo de espejos trágicos,
de torturas abiertas que ejecutan mis ojos
y los hacen más negros y más tinta.
No puedo deshacerme en ellos...
Los sonidos llegan cabalgando en una sola gota de plata líquida.
El mundo dialoga con mis manos,
enciende las velas que me obligan a ser plegaria a las puertas
de este templo que habita por debajo de mis aguas.
Murmuran su litúrgica mansedumbre los farolillos rojos.
No puedo volver a las estatuas,
no puedo helarme en su frío de noche al descampado.
La oscuridad me salva de los ojos.
Estoy preparada...
Yo no sé, pero es dulcísima esta espera y amargo el telón que desciende
hacia la piel bordada de anillos ancestrales.
Dadme un solo instante para entrar en la severa penumbra
dadme un solo instante para empolvar mi cerebro
en donde minúsculos pájaros se descuelgan, elegantes y verdes.
Detrás de sus menudos picos duermen extraños laberintos de lana.
Yo deshojare sus plumas enmohecidas
hoy
que mis dedos forman velas de hollín.
Yo lavaré sus horas clavadas como mariposas en el azul de los puñales,
destilando montones de harapos en la sumisa luz
que desciende de las fuentes.
Agua de luna
sobre la copa de los árboles
guíame
hacia el vaporoso silencio
comulgado.
Al fragmento único
de los minutos
extraídos
de este cielo líquido
expulsado de las llamas.
1 comentario:
Muy bueeeeeeeeeeeeeeeeno, me gusta muchooooo
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