
Un día el mundo se quedó en silencio;
los árboles, arriba, eran hondos y majestuosos,
y nosotros sentíamos bajo nuestra piel
el movimiento de la tierra.
Antonio Gamoneda.
Si supiera mantener ese orgullo,
Estirar el dolor y mirar a la herida,
con los ojos, con la sed y la plata,
con las manos liberando el latido.
Si supiera entregar como ella
el linaje fluvial puro y manso
que habita en su rostro tatuado
de miles y miles de árboles.
Ella guarda el olor a maderas,
la inocente silueta del viento,
el calor de la miel bajo el brazo,
la riqueza de un pájaro libre.
Si pudiera mantener ese orgullo...
5 comentarios:
Y sabes, sabes mojar las palabras y que volvamos a beber aquí. Me gusta el poema, estira y ensancha :¬)
Lisola, tu poesía sí sabe. Se ofrece y se deja tomar por el lector.
Y me gusta.
Un beso!
Me gusta mucho, Lisola
Tu poema es una belleza.
Un beso
Es un placer sentir cómo tus palabras nos sumergen de lleno en ese gesto y en esa mirada... tan inquitantes.
Gracias.
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