sábado, diciembre 02, 2006

Isabel Muñoz (Tribu Surma, Etiopía).



Un día el mundo se quedó en silencio;
los árboles, arriba, eran hondos y majestuosos,
y nosotros sentíamos bajo nuestra piel
el movimiento de la tierra.

Antonio Gamoneda.



Si supiera mantener ese orgullo,
Estirar el dolor y mirar a la herida,
con los ojos, con la sed y la plata,
con las manos liberando el latido.

Si supiera entregar como ella
el linaje fluvial puro y manso
que habita en su rostro tatuado
de miles y miles de árboles.

Ella guarda el olor a maderas,
la inocente silueta del viento,
el calor de la miel bajo el brazo,
la riqueza de un pájaro libre.

Si pudiera mantener ese orgullo...

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Y sabes, sabes mojar las palabras y que volvamos a beber aquí. Me gusta el poema, estira y ensancha :¬)

Anónimo dijo...

Lisola, tu poesía sí sabe. Se ofrece y se deja tomar por el lector.
Y me gusta.

Un beso!

Ogigia dijo...

Me gusta mucho, Lisola

ecasual dijo...

Tu poema es una belleza.

Un beso

Amanda dijo...

Es un placer sentir cómo tus palabras nos sumergen de lleno en ese gesto y en esa mirada... tan inquitantes.
Gracias.