martes, febrero 14, 2006




Yo sé que nunca he beber el final de la copa.

Me quedaré sentada como un mastín sin hambre
y escribiré para la muerte y para el vino.

Me llegará la mala hierba a las entrañas
y no pronunciaré ni un solo nombre ante la tumba.

Me entregaré sin confesión al principio de las nubes
y en mi última semilla creceré como el silencio
por todas las esquinas.

Seré entonces una lengua generosa
un recuerdo manso en el latido de la tierra.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

para Lisola...
...la orden Franciscana os
declara poeta franciscana por
excelencia...profunda, sobria y
transcendente...
San-F

Anónimo dijo...

Un placer bucear aquí.
Te llevo a http://spaces.msn.com/desdebabia/
Y gracias de nuevo