
El fraseo del mar sobre los ojos,
lo que nos dijimos,
el interior de las manzanas,
el aire con su rostro de pastelillos dulces,
el aire y su visión del mundo,
la seducción de lo extraño,
el trato amable de una sombra,
el definitivo silencio balbuceando mi nombre.
La espalda dando la espalda a un muerto,
la nobleza de la plata,
el lecho del cormorán sobre mi mano,
la desposesión del tiempo,
los pies amando el frío de las algas,
la desposesión del tiempo,
los objetos mudos, aquella nube,
las paredes blanqueadas,
la luz de sus antiguos dioses,
el primitivo telar retomando las horas,
las horas sobre la mesa,
las horas, para las manos, nítidas,
las horas como playas extraviadas,
la desposesión del tiempo,
la memoria serena,
la desposesión de la memoria.
4 comentarios:
Escibes muy bien, Lisolita
Estos versos lapidarios, sin conexión aparente, como los manchones que los niños dejan una pared blanca, me han parecido un camino realmente insólito para adentrarse en esa áblación de la memoria que suele provocar el contacto con la sencillez, y que en otro poetas han derivado en versos interminables y suspendidos normalmente de la melancolía. Esta solución tuya no es habitual, y yo lo apunto...
Enhorabuena por tu blog. Todo un descubrimiento
Un saludo.
Me encantan todos tus poemas Lisola.Eres un descubrimiento.Los iré leyendo detenidamente y te comentaré los que más me gustan.Por cierto, las imágines me encantan también.Un beso. Dark.
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