
Creo tener alas, pero ellas no se ven.
Nichita Stanescu.
VI
No hay violetas más sucias que aquellas que nacen abrazadas
a la muerte y como alondras vestidas de falsos vientos
mueren a lo lejos aprisionadas en el estupor de una luz
agónica y sucia pegada a la espalda.
Ha llegado el momento.
La cantina nos cede su azul deshecho.
Nos venga de la oscuridad.
Un reino de triángulos lunares juega sobre las pequeñas cosas
almacenadas en el punto más alto de los arcos.
A qué salir de ellos.
A qué mirar la semilla sobre el surco que han dejado las hojas
en su atroz caída.
Estaremos perdiendo acaso en sentimientos. Estaremos
ganando espacios. Eliminando la voz mil veces sacrificada.
La oración de la campana recorre inalterable el orden establecido.
Sin emoción nada se distingue.
El más lejano de los muertos reaparece y nos contempla sin apenas
traicionar la lengua.
El discurso del tren flota como un círculo encerrado en lava.
mientras me abrocho uno a uno todos los silencios.
Es Octubre.
Los pesados mecanismos resuenan bajo una lluvia ligera
y su empeño en arañarlo todo,
va más lejos que nosotros.
Un pie en el estribo no concederá más tiempo del que nos otorga
una llave colgada del cuello
y sin embargo se adelantan,
sin que el otro pie lo acompañe.
_ Fueron siempre los pies como hermanos enfermos
cada cual sobrevive a su manera_
Subo los peldaños lentamente como subo a la vida desdentada.
El frío se ha instalado en la cintura
el cansancio en el hueso.
Recojo el corazón lleno de cirios,
eyaculando visagras con memoria de invierno.
Subo y cuento los minutos que llenan mi boca.
La vida sabe a verguenza y a fracaso.
3 comentarios:
Mu triste y mu bueno. Muchos besitos.
Estoy de acuerdo con ernesto. Un beso
Los surrealistas, incluso los menos conocidos, estan, por lo que veo, presentes. Será que son.
Releamos a Paul Eluard.
¿Nos tenemos que refugiar en los sueños?
Si.
Todo está hecho del mismo material.
Como siempre, enhorabuena.
Publicar un comentario