
En la profundidad del espacio silencioso,
un golpe de manzanas mar adentro,
desdobla la densidad de las sombras
y la dimensión callada y fría del espejo,
separa el nido de las piedras, volviéndonos
arroyo desbordado sobre el grano.
Remontarse por encima de la luz,
mientras descubres el vuelo de un ave,
sin peso y sin volumen,
dispuesto a reencarnarse en pisada
que ha de borrar el tiempo.
©
5 comentarios:
Precioso. Me ha gustado mucho el contraste. La segunda estrofa es una maravilla. Besos.
Excelente poema.
Un abrazo de este poeta en Madrid.
he paseado por tus letras y me ha gustado mucho.
volvere a pasear por tus huellas.
saludos
Qué maravilla de poema. Saludos.
Es un placer leerte, niña.
Felicidades de nuevo
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