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Por debajo de las sombras una cúpula de sal entre dos maresabriga al corazón.Diría;que el viento y la luz son más viejos y han creadoun desnudo desorden en cuevas y nidos.Diría;ayer,la añoranza de una habitación azul sentó su nuez en la memoria y el tiempo apuntaló su delicada ruinaen el lugar donde hoy las piedras son dudabajo el aguaSe diría qué;el color de la fiebre prematura se lleva como una puñalada mortalsiempre envuelta en un trozo de nervio que no huele.Ahora es breve la sombracomo espíritus algodonososexcluidos del mundo.Ahora un muro sobresale al separar los dedos.Ahora un pez rojopuede pintar la noche de inalcanzables ramas.Tendremos que esperar sin movimiento algunoal loco del futuroal loco sorprendenteal loco que emerge del aguacon su canción de hojas y de océano
Ella dirá noche y ofrecerá su voz limpiacuajada de silencios.Ella irá pisando los nervios uno a unohasta forzar el aire.No tiene otra voz y la esconde entre sombras.En la sangre abandonadael la pulpa de los árbolesen la hoja que libera el pensamientoen la pieza de música que aún perdura.Ella bajará al frescor de las fuentesmitigando el dolor con su pie derecho.
Yo sé que nunca he beber el final de la copa.Me quedaré sentada como un mastín sin hambrey escribiré para la muerte y para el vino.Me llegará la mala hierba a las entrañasy no pronunciaré ni un solo nombre ante la tumba.Me entregaré sin confesión al principio de las nubesy en mi última semilla creceré como el silenciopor todas las esquinas.Seré entonces una lengua generosaun recuerdo manso en el latido de la tierra.
Volver al aguaa la forma más pura de los labiosal vuelo del arroyo en el deshieloa la forma ligera de la mano.Volver al marcon los brazos abiertos a la lluviapara llegar a deshacer el dolorde un pez recién nacidoVolver al líquidodispuesta a caer sobre la piedra o en la tierra que en la tumba abierta aún queda.
El animal que anochece entre las alas de un mirlo,en los oscuros jardines donde se apaga el viento.La primavera, escalofrío, junto al muro en ruinas,es un nocturno que palidece y hiela.La iglesia rota la hoja dulce la sombra inquieta,en el limpio silencio que en la roca se alza,vacía el nido y en la frente, nubes infantiles esperana que la negra lluvia calle en el azul del tiempo.En la ventana, el mundo, la muerte, la extraña boca,la niña que canta en la madera, la llama que robados manzanas, el corazón bajando la colina, el sudorempapando el mortal brillo de las lámparas.Tiembla el muerto enguantado en su toquilla, tiemblaen el grito de las flores biliosas, en el silenciode las manos juntas, en los rostros azabaches de quienesjuegan en el pedregoso cementerio abandonado.