martes, septiembre 18, 2007




Asia a un lado, al otro Europa,
y allí en su frente Istambul.

Espronceda.


Mira,
esta mañana de sol medio dormido,
donde la luz te busca,
donde la luz abre la niebla y navega
en el intenso azul de hojas dulces.

Mira,
doblo el silencio y reconozco los rostros,
y temo amarte en este frágil instante,
temo que se rompa este mar que emerge de los siglos,
este orden natural, este esmalte ensortijado.

De nuevo, la tierra se mueve lentamente,
en su silencio, las sillas de mimbre, vacías.
reconstruyen una historia en su memoria.

Ella vive y ofrece su noche a otros párpados,
ella se borra el corazón con la estela que los barcos
van dejando sobre su frente. Ella,
adivina la creación y por un momento sonríe,
después apoya la cabeza en la luz y mira
a lo lejos.

Bajo las luces, oye el miedo, oye al amante,
oye el lamento, la oración plateada de los minaretes,
oye como se compra y se vende la esperanza.

Pero mira las aguas quietas, esbeltas,
y dibuja en ellas su vientre y recuerda,
al cerrar los ojos, a los que un día
tuvieron alma, mientras apura
el último sorbo de té
frente al Bósforo.


_Io, emerge de las profundidades, Io,
ha dejado sus horas en la sal del rostro que ama._

2 comentarios:

Amanda dijo...

Qué placer volver a aquí y leerte despacio, poeta querida...
La imágenes que suspendes en el aire me llaman y me acarician.
Un saludo.

Ogigia dijo...

Sí, es cierto, un placer volver a leerte....