
En mi mano duermen las hojas que el otoño olvida,
con el poder de quien atrasa la lluvia
y se emborracha en la densidad de los huesos.
Estamos solos en colores y formas.
Estamos en la distancia que flota en el sonido del agua.
Y sin embargo,
son los poderosos días donde me desnudo,
donde el polvo se ajusta a aquello que fui.
Yo cierro los ojos a las ciudades inertes.
Aquí un delirio clama su espesor de algas.
Sobra afán de oscuridad en la maleza.
Cegados por el deseo de partir lo vivido
vamos naciendo en la descarga de todas las incertidumbres
Después de todo nos queda
ese mirar extraño hacia el pasado.
Hacer el equipaje y lamer el borde del ayer.
Desde su muerte,
un extravio nos preserva del duro invierno
mientras nos vamos mirando oblicuos.
_Pájaro inútil en el escorzo de la noche
inventa unas alas y huye_
Asombra después la calma
cuando levanto las persianas y fondea en los ojos
Venecia...
Alzo un dedo y desclavo años.
A menudo en ellos colecciono sombras,
sombras de nieve tras los cristales
donde morimos de pie y sin tristeza.
©
3 comentarios:
mmm ese verso... "...donde el polvo se ajusta a aquello que fui" me ha fascinado, Lisola.
Un abrazo
Creo que todo el poema es muy bueno, Lisola. Un saludo
Si, solo nos queda ese mirar extraño hacia el pasado: la palabra. Besitos.
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